Doi. 10.5281/zenodo.18111384

Artículo

 

Biosabotaje a México: crónica de un evento futuro

Biosabotage in Mexico: chronicle of a Future Event

Biosabotagem no México: crônica de um Evento Futuro

 

Manuel Servín Massieu. ISNI. 0000 0001 0699 2934

Universidad Autónoma de Guerrero, Chilpancingo Guerrero, México. Email: tlamatisabiduria@uagro.mx.

 

Resumen

El texto plantea un escenario ficticio en el que México enfrenta una catástrofe sanitaria provocada por la reintroducción de la viruela a través de ropa usada contrabandeada desde la frontera norte. La narración describe cómo toneladas de prendas infectadas se distribuyen en mercados populares y tianguis, alcanzando a millones de personas en situación de pobreza. La epidemia se expande rápidamente por diversas ciudades, con excepción de Mérida, y afecta principalmente a jóvenes y niños, ya que sólo los mayores de 40 años conservan inmunidad por antiguas campañas de vacunación. La alta mortalidad de la nueva variante del virus genera caos social: familias se desintegran, niños quedan abandonados, fábricas y servicios públicos se paralizan, y las ciudades se vacían. El relato sugiere que la crisis pudo haber sido parte de un experimento del ejército estadounidense para probar armas biológicas y vacunas, recordando antecedentes de pruebas similares en América Latina. Ante los primeros brotes, Estados Unidos cierra la frontera y extiende su control militar dentro del territorio mexicano, reforzando la idea de una invasión encubierta. El autor cuestiona la falta de previsión de las autoridades mexicanas: la suspensión de la producción de vacunas, la ausencia de capacitación médica y la permisividad en la importación de ropa usada. La crónica concluye con un panorama desolador: México aislado internacionalmente, con su población diezmada y en riesgo de convertirse en un Estado fallido. La advertencia central es clara: la falta de prevención y ciencia puede condenar a la nación a repetir tragedias históricas.

Palabras clave: sabotaje, viruela negra, epidemia inducida, caos social, bioarma

 

Abstract

The text presents a fictional scenario in which Mexico faces a health catastrophe caused by the reintroduction of smallpox through used clothing smuggled across the northern border. The narrative describes how tons of infected garments are distributed in popular markets and street markets, reaching millions of people living in poverty. The epidemic spreads rapidly through various cities, with the exception of Mérida, and primarily affects young people and children, as only those over 40 retain immunity from previous vaccination campaigns. The high mortality rate of the new variant of the virus generates social chaos: families disintegrate, children are abandoned, factories and public services grind to a halt, and cities empty out. The story suggests that the crisis may have been part of a U.S. military experiment to test biological weapons and vaccines, recalling similar past experiments in Latin America. In response to the first outbreaks, the United States closes the border and extends its military control into Mexican territory, reinforcing the idea of ​​a covert invasion. The author questions the lack of foresight on the part of Mexican authorities: the suspension of vaccine production, the absence of medical training, and the permissiveness regarding the importation of used clothing. The chronicle concludes with a bleak outlook: Mexico internationally isolated, with its population decimated and at risk of becoming a failed state. The central warning is clear: the lack of prevention and scientific understanding could condemn the nation to repeat historical tragedies.

Keywords: sabotage, smallpox, induced epidemic, social chaos, bioweapon

 

Resumo

O texto apresenta um cenário fictício em que o México enfrenta uma catástrofe sanitária causada pela reintrodução da varíola através de roupas usadas contrabandeadas pela fronteira norte. A narrativa descreve como toneladas de roupas infectadas são distribuídas em mercados populares e feiras de rua, atingindo milhões de pessoas que vivem na pobreza. A epidemia se espalha rapidamente por várias cidades, com exceção de Mérida, e afeta principalmente jovens e crianças, já que apenas aqueles com mais de 40 anos mantêm a imunidade adquirida em campanhas de vacinação anteriores. A alta taxa de mortalidade da nova variante do vírus gera caos social: famílias se desintegram, crianças são abandonadas, fábricas e serviços públicos param de funcionar e as cidades se esvaziam. A história sugere que a crise pode ter sido parte de um experimento militar dos EUA para testar armas biológicas e vacinas, remetendo a experimentos semelhantes realizados no passado na América Latina. Em resposta aos primeiros surtos, os Estados Unidos fecham a fronteira e estendem seu controle militar para o território mexicano, reforçando a ideia de uma invasão secreta. O autor questiona a falta de visão das autoridades mexicanas: a suspensão da produção de vacinas, a ausência de treinamento médico e a permissividade em relação à importação de roupas usadas. A crônica conclui com uma perspectiva sombria: o México isolado internacionalmente, com sua população dizimada e correndo o risco de se tornar um Estado falido. O alerta central é claro: a falta de prevenção e de conhecimento científico pode condenar a nação a repetir tragédias históricas.

Palavras-chave: sabotagem, varíola, epidemia induzida, caos social, arma biológica

 

 

Recibido: 01 de enero 2009

Revisado: 05 de marzo de 2009

Aprobado: 07 de mayo de 2009

Publicado: 01 de junio de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica

 

 

Las llamas se elevaron a muchos metros de altura mientras los técnicos del ejército mexicano escapaban del calor con sus escafandras verde camuflaje y botas de asbesto; corrían torpemente alejándose de la enorme pira. Toneladas de ropa de segunda mano incautadas en todo el país eran incineradas en las planicies cercanas a Tizayuca, Estado de Hidalgo, donde se habían concentrado al decomisarlas. (Mazzali de Ilja, R., 2001)

Ni el secretario de Salud, ni el de Hacienda, ni el de Gobernación o Relaciones Exteriores del gobierno mexicano han podido aclarar cómo fue posible que miles de toneladas de ropa usada fueran contrabandeadas hacia nuestro país desde la frontera norte. Se supone que, partiendo de Nogales, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo, los camiones distribuyeron la mortal carga infecciosa para su comercialización. (Rangel-Frausto, S., del Río, C., Santos Preciado, J. I., Nava Frías, M., Franco Paredes, C., & Téllez, I., 2003)

Los puntos de venta fueron Chihuahua, Monterrey, San Luis Potosí, Guadalajara, Querétaro y otras ciudades más al sur, incluyendo la capital de la República. (Pereira Hernández, C. 2003) Fue en estos lugares donde se inició la epidemia inducida; avanzó como fuego en un pajar, sólo Mérida se salvó. A precios de ganga, las prendas de ropa se vendieron entre los millones de pobres que hay en el país. (Lammoglia, L., Santos Preciado, J. I., & Franco-Paredes, C. (2004) Los innumerables tianguis, mercados sobre ruedas y puestos diversos pusieron en manos de los condenados de la tierra ropa de importación de marcas prestigiosas… por unas cuantas monedas. Inadvertidamente y hasta sonriendo, dimos así nueva entrada al microbio que diezmó nuestra sociedad prehispánica hace 500 años, a la llegada del invasor español. Lo más grave: después de varias décadas de que las autoridades sanitarias de México cesaron las campañas de vacunación por haberse erradicado esta enfermedad —la viruela negra— sólo los mexicanos mayores de 40 años de edad están vacunados. Hoy, cuando la viruela regresa como bioarma vía la importación clandestina de ropa usada, la sociedad carece de vacuna, e inexplicablemente la producción nacional sigue suspendida. (Franco-Paredes, C., & Santos-Preciado, J. I., 2002)

Aparecieron (Santos-Preciado, J. I., & Rangel-Frausto, S, 2003) los primeros casos de muchachos enfermos en las ciudades citadas y pronto fueron miles; aumentaron las defunciones debido a la alta tasa de mortalidad de la nueva variante del virus (hasta el 80%). No tardó en presentarse entre los sobrevivientes jóvenes la estampida hacia los lugares menos poblados, mientras los menos interpelaban angustiados a sus padres incapaces de recordar si en su oportunidad fueron o no vacunados. Presas del pánico hurgaban todos en el archivo familiar buscando sus cartillas de vacunación y salían corriendo. Huían hacia las montañas, llanuras y desiertos, copando caminos y carreteras como en peregrinación. Huían sin rumbo fijo guiados por el deseo de escapar a las aglomeraciones, temor al contagio fácil. Por otro lado, quedaron solos en las ciudades y pueblos los mayores de 40 años y los niños indefensos que no podían huir, pero que eran igualmente vulnerables. La sociedad mexicana entró en un caos. Los hijos abandonaron a los padres y estos a los hijos, los hermanos dejaron a los hermanos, los vecinos huían de sus vecinos. Se multiplicaron los casos de niños vagando en ciudades, puertos y plazas, dejando a su paso un elevado número de cadáveres insepultos en calles y caminos. Pararon las fábricas, cesaron los espectáculos públicos; cines y restaurantes cerraron. El Metro dejó de dar servicio por falta de pasajeros. Tiendas, almacenes, mercados y centrales de abasto fueron saqueadas. Todo esto mientras, paradójicamente, se multiplicaba el número de casas e inmuebles abandonados. No era un fenómeno local como aquellos casos de explosión en San Juan Ixhuatepec o el sismo en el D.F. en 1985; esta vez era una catástrofe de proporción nacional y también internacional. (Henderson, D. A., 1999)

La Secretaría de Hacienda se mostró incapaz de explicar al Ejecutivo Federal y a la nación por qué su sección de aduanas no identificó a tiempo los puntos de embarque. La misma Secretaría terminaría por suscribir la suspicacia y rumores de que todo esto era un plan orquestado —un gran experimento— ejecutado subrepticiamente por el US Army para probar un nuevo tipo de arma biológica, variante transgénica del virus ortopox de la viruela con VIH, y valorar los efectos de su nueva vacuna desarrollada por la industria farmacéutica estadounidense. Después de todo, usar a los mexicanos como tontos útiles para estos fines se hizo frecuentemente en el pasado, como en el caso de la vacuna TC-83 contra la encefalitis equina venezolana que mata equinos y humanos, y que se diseminó en México bajo circunstancias misteriosas. Esta vez, con la viruela, un posible efecto colateral derivado de la epidemia podría ser la disminución súbita de la población de los “bárbaros del sur” que los gringos consideraban amenazaba su pureza WASP (Inglesby, T. V., O’Toole, T., Henderson, D. A., Bartlett, J. G., Ascher, M. S., Eitzen, E., & Tonat, K., 1999).

Con los primeros casos de la enfermedad en la región transfronteriza del norte de México, nuestros vecinos anglos sellaron su frontera cancelando el tránsito de personas, alimentos, productos agro-veterinarios y mercancías. Con personal militar adiestrado precisamente en Fort Detrick —USAMRIID, en Maryland—, el centro de investigación militar para la bioguerra, y su CDC —Centro para el Control de Enfermedades en Atlanta—, los EUA tomaron el control de toda la franja fronteriza entendida a 300 kms en ambos lados. Bajaron su frontera hasta Mulegé, Hermosillo, Chihuahua, Monterrey, Tampico y ya dentro de nuestro territorio implantaron retenes móviles en todas las carreteras y vías de acceso al norte. (Tucker, J. B., 2000). Esta nueva invasión estadounidense a México estaba prevista desde la década de 1980, cuando Reagan exclamó histéricamente “¡hemos perdido el control de nuestra frontera sur!” y desplazó 7 u 8 mil guardias de la migra —compare usted con los 500 que cuidan la de Canadá—, estacionó en la misma a su Guardia Nacional Militar y se hizo de la vista gorda con las bandas de asesinos de indocumentados que los cazaban como animales. Con Clinton se incrementaron las preocupaciones transfronterizas, llegando Baby Bush después a controlar todos los aeropuertos ubicados en México, claro, con la complacencia del régimen foxo-calderonista que no hizo nada cediendo dignidad y soberanía. Más adelante, Obama se la pasó disculpándose, aunque no se sabe bien de qué.

La ficción supera a la realidad y la pandemia de influenza porcina que azota a la nación podría ser un ejercicio de bioterrorismo de los Estados Unidos para someter a los mexicanos y probar los medios biotecnológicos que prepara en Maryland, con los cuales pretenden no sólo dominar económicamente a nuestro país, sino convertirlo en un apéndice y mal necesario de los poderes fácticos mundiales que han hecho de la guerra bacteriológica un negocio redituable. (Zilinskas, R. A. (1998).

¿Por qué no se reanudó a tiempo la producción nacional de vacuna antivariolosa? ¿Por qué no se capacitó personal suficiente de la SSA para reconocer la enfermedad? ¿Por qué no se reguló desde tiempo atrás la importación y venta de ropa usada? ¿Por qué no se alertó al pueblo del peligro de adquirirla y portarla?

 

Aporías

 

No caben ya lamentaciones. Es evidente que, habiendo llegado de nuevo la terrible viruela a nuestra tierra, ésta quedará despoblada de jóvenes, con sus cadáveres semienterrados en cañadas y barrancas o incinerados apresuradamente. Los habitantes urbanos que sobreviven aún están enclaustrados, con la producción de bienes y servicios paralizada y toda reunión o aglomeración evitada por los contagios. Nada de espectáculos en estadios, auditorios o centros deportivos. Nada de transportarse en micros o combis hacinadas. Con las colas en los bancos de un metro entre cliente y cliente y puros viejos. Cabe preguntarse: ¿Persistirá nuestra nación como ente civilizado? ¿Seremos hoy sí un Estado fallido? ¡Y todo por no prevenirse a tiempo con suficiente vacuna antivariolosa! Cuidado con los estornudos, la tos o roces e intercambio de prendas. Con la higiene social y personal decaída, ¿qué será de nuestra patria tan acientífica y aislada? Frente a otros países que sólo nos toleran hoy desde lejos —o por TV— y nos tienen en cuarentena internacional. ¿Seremos diezmados como en el siglo XVI? ¿Volveremos a ser cazadores y recolectores como nuestros antepasados nómadas?

 

Bibliografía

1.      Mazzali de Ilja, R. (2001). El papel del laboratorio microbiológico en el manejo de eventuales actos de terrorismo. Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología, 21(2), 120–126. SciELO.

2.      Rangel-Frausto, S., del Río, C., Santos Preciado, J. I., Nava Frías, M., Franco Paredes, C., & Téllez, I. (2003). Enfrentando el bioterrorismo: aspectos epidemiológicos, clínicos y preventivos de la viruela. Salud Pública de México, 45(4), 298–309. Dialnet.

3.      Pereira Hernández, C. (2003). Bioterrorismo. Revista General de Marina, 244(3), 215–228. Dialnet.

4.      Lammoglia, L., Santos Preciado, J. I., & Franco-Paredes, C. (2004). Perspectiva histórica de la viruela en México: aparición, eliminación y riesgo de reaparición por bioterrorismo. Gaceta Médica de México, 140(3), 321–328. Dialnet.

5.      Franco-Paredes, C., & Santos-Preciado, J. I. (2002). The anthrax attacks in the United States: Lessons for Latin America. Revista Panamericana de Salud Pública, 12(5), 345–349. SciELO.

6.      Santos-Preciado, J. I., & Rangel-Frausto, S. (2003). Bioterrorismo y salud pública: retos para México. Salud Pública de México, 45(2), 89–95. Dialnet.

7.      Henderson, D. A. (1999). The looming threat of bioterrorism. Science, 283(5406), 1279–1282. Web of Science.

8.      Inglesby, T. V., O’Toole, T., Henderson, D. A., Bartlett, J. G., Ascher, M. S., Eitzen, E., & Tonat, K. (1999). Anthrax as a biological weapon: Medical and public health management. JAMA, 281(18), 1735–1745. Web of Science.

9.      Tucker, J. B. (2000). Biological weapons in the twentieth century: A review. Health Policy, 54(1), 1–21. Web of Science.

10.  Zilinskas, R. A. (1998). Biological warfare: Modern threat and public health response. Emerging Infectious Diseases, 4(3), 441–447. Web of Science.