Tlamati, Volumen 6, Número 10. Enero-Junio 2015
ISSN: 2007-2066
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Doi.
Artículo académico
Pobreza y jefaturas femeninas en el estado de Guerrero, xico. Elementos
diagsticos
Poverty and female headship in the state of Guerrero, Mexico. Diagnostic
elements
Pobreza e chefia feminina no estado de Guerrero, México. Elementos
diagnósticos.
Luz Alejandra Cárdenas Santana1* ID. 0000-0003-0243-0103
Sheila Contreras Alcaráz1 ID.0009-0002-6115-978X
1 Universidad Autónoma de Guerrero. Centro de Investigación y Posgrado en Estudios
Socioterritoriales. 16 de Septiembre No.42, Barrio de San Mateo, Chilpancingo, Gro. México
*Autor de correspondencia: gusa1@prodigy.net.mx
Recibido: 09/02/2015
Revisado:21/03/2015
Aprobado: 28/05/2015
Publicado. 28/06/2015
Resumen
El estado de Guerrero ocupa el tercer lugar en el país en cuanto a hogares con jefatura femenina.
Pese a ello las instancias gubernamentales diseñan sus acciones sin considerar la perspectiva de
género. Los elementos diagnósticos aquí presentados permiten visualizar la necesidad de incorporar
a las políticas públicas la mirada y los intereses de las jefas de hogar. Destacando su alta presencia
y las condiciones de pobreza en las que viven muchas de estas mujeres. A partir de datos estadísticos
y testimonios, se evidencia que las jefas de hogar enfrentan desigualdades de género, sobrecarga de
trabajo doméstico y limitadas oportunidades laborales, lo que afecta su calidad de vida. La
investigación muestra que estas mujeres suelen asumir la jefatura por viudez, separación o
abandono, y que, aunque contribuyen significativamente al sustento familiar, su trabajo es poco
reconocido. Además, se identifican dificultades en el acceso a vivienda, crédito y propiedad. A pesar
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de ello, algunas logran cierto empoderamiento al tomar decisiones en el hogar. El estudio concluye
que es necesario incorporar la perspectiva de género en las políticas blicas para mejorar sus
condiciones y promover su autonomía económica y social.
Palabras clave: pobreza, jefatura femenina, empoderamiento, región, poblado
Resumen
El estado de Guerrero ocupa el tercer lugar en el país en cuanto a hogares con jefatura femenina.
Pese a ello las instancias gubernamentales diseñan sus acciones sin considerar la perspectiva de
género. Los elementos diagnósticos aquí presentados permiten visualizar la necesidad de incorporar
a las políticas públicas la mirada y los intereses de las jefas de hogar. Destacando su alta presencia
y las condiciones de pobreza en las que viven muchas de estas mujeres. A partir de datos estadísticos
y testimonios, se evidencia que las jefas de hogar enfrentan desigualdades de género, sobrecarga de
trabajo doméstico y limitadas oportunidades laborales, lo que afecta su calidad de vida. La
investigación muestra que estas mujeres suelen asumir la jefatura por viudez, separación o
abandono, y que, aunque contribuyen significativamente al sustento familiar, su trabajo es poco
reconocido. Además, se identifican dificultades en el acceso a vivienda, crédito y propiedad. A pesar
de ello, algunas logran cierto empoderamiento al tomar decisiones en el hogar. El estudio concluye
que es necesario incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas para mejorar sus
condiciones y promover su autonomía económica y social.
Palabras clave: pobreza, jefatura femenina, empoderamiento, región, poblado
Resumo
O estado de Guerrero ocupa o terceiro lugar no país em termos de famílias chefiadas por mulheres. Apesar disso, as
agências governamentais planejam suas ações sem considerar uma perspectiva de gênero. Os elementos diagnósticos
apresentados aqui destacam a necessidade de incorporar as perspectivas e os interesses das mulheres chefes de falia
nas políticas públicas. Sua alta presença e as condões de pobreza em que muitas dessas mulheres vivem são
particularmente relevantes. Com base em dados estatísticos e depoimentos, fica evidente que as mulheres chefes de
falia enfrentam desigualdades de gênero, uma carga excessiva de trabalho doméstico e oportunidades de emprego
limitadas, o que impacta negativamente sua qualidade de vida. A pesquisa mostra que essas mulheres frequentemente
assumem o papel de chefe de família devido à viuvez, separação ou abandono e que, embora contribuam
significativamente para o sustento familiar, seu trabalho é pouco reconhecido. Além disso, são identificadas
dificuldades no acesso à moradia, crédito e propriedade. Apesar desses desafios, algumas alcançam um certo grau de
empoderamento ao tomar decisões dentro do lar. O estudo conclui que é necessário incorporar uma perspectiva de
gênero nas políticas públicas para melhorar suas condições e promover sua autonomia econômica e social.
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Palavras-chave: pobreza, chefia feminina, empoderamento, região, aldeia
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Introducción
La literatura producida sobre la problemática de las jefaturas de hogar femeninas es abundante; sin
embargo, no existen hasta ahora estudios disponibles cuyo objetivo principal sea la producción de
conocimiento sobre las jefa-turas femeninas de hogar en Guerrero con la finalidad de presentar algunas
propuestas de políticas públicas que po-sibiliten mejores condiciones de vida para las jefas de ho-gar y
el ejercicio de sus derechos.
En el título del presente diagnóstico, se utiliza el con-cepto de hogar (y no el de familia, pues en él
sólo queda-rían incluidas las personas con lazos de parentesco) enten-dido éste como el ámbito
doméstico donde convive un grupo de personas con o sin lazos de parentesco, que comparten gastos y
alimentos. Una persona que vive sola tam-bién constituye un hogar. Por otra parte, el concepto de
jefatura puede presentar algunas aristas polémicas, pero decidimos utilizar dicho concepto tal como se
maneja en los datos de Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática [INEGI].
Según los datos del Censo de Población y Vivienda 2010 del INEGI, en términos relativos de cada
100 hoga-res, 25 son dirigidos por una mujer. El estado de Guerrero ocupa el tercer lugar en cuanto a
hogares con jefatura fe-menina (26.9%), después del Distrito Federal (31.4%) y del Estado de Morelos
(27.4%), los cuales se encuentran por encima de la media nacional (24.6%). Huitzuco, Alpo-yeca y
Acapulco son los que cuentan con un porcentaje mayor de jefas de hogar.
Por lo anterior, es necesario visibilizar el contexto so-cial, económico, político y cultural de los
hogares con jefa-tura femenina en Guerrero, y diseñar políticas públicas y acciones afirmativas que
propicien mejores condiciones de vida para las mujeres y un significativo avance en el ca-mino de su
autonomía.
Materiales y Metodología
Sin dejar de lado la información estadística, elaborada a partir de los datos de INEGI, la aplicación de
metodología cualitativa es uno de los aspectos relevantes en el presente trabajo. Escuchar las voces de
las propias actoras sobre su situación y las alternativas que proponen para mejorar su calidad de vida es
no sólo necesario, sino éticamente signi-ficativo. Específicamente se optó por la técnica de grupo focal,
como una manera rápida de contar con información de primera mano sobre las percepciones y
experiencia de las jefas de hogar en el estado de Guerrero.
Se consideraron para la presente investigación 10 de los 30 municipios que tienen porcentajes de
hogares con jefaturas femeninas mayores o iguales al promedio estatal. Los municipios seleccionados
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fueron los siguientes: Huitzuco de los Figueroa, Acapulco de Juárez, Cuajinicui-lapa, Buenavista de
Cuéllar, Chilpancingo de los Bravo, Alpoyeca, Tlacoapa, Cualác, Zitlala, Xochihuehuetlán.
Estos municipios se seleccionaron atendiendo a su gra-do de marginación: 4 municipios urbanos; uno
de margina-ción baja, uno de media, uno de alta y uno de muy alta, 3 municipios rurales (alta y muy alta
marginación) y 3 muni-cipios con alto nivel de migración. Los grupos se integra-ron con al menos una
jefa de hogar con las siguientes ca-racterísticas: viuda, madre soltera, separada/divorciada, casada,
soltera.
El presente trabajo cuenta con comentaros y propuestas que hicieron las jefas de hogar en los grupos
focales. Sus observaciones pueden ser retomadas para la elaboración de políticas públicas incluyentes y
muestran la manera de propiciar el paso de la inconformidad a la acción concerta-da con el poder público
para favorecer el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres de Guerrero.
Resultados
1.
El hogar es la unidad formada por una o más perso-nas, unidas o no por lazos de parentesco, que
residen en la misma vivienda y que comparten un gasto común para la alimentación, se usa el concepto
de hogar en lugar de fami-lia por su flexibilidad, al incluir personas sin lazos de pa-rentesco.
La diferencia de sexo de quien está al frente del hogar, da lugar a diferencias en la organización
cotidiana y la situación de los hombres o mujeres dentro del hogar. Es común observar que las jefas de
hogar ademas de asumir la responsabilidad de actividades vitales en la organización cotidiana de la vida
familiar, también se ocupan de los adultos mayores. En este hecho se expresa el mandato cul-tural que
asigna a las mujeres el “ser para otros”:
2.
La mayor parte de los hombres que son jefes, esn casados, viven en unión libre o son viudos,
en cambio las jefas de hogar mujeres en su mayoría son viudas (éstas sobresalen con el 35.3%),
divorciadas o separadas, lo que nos indica que los hombres asumen la jefatura al casarse o unirse
y las mujeres ante la ausencia de sus cónyuges. Esta situación se puede explicar por el hecho de
que los hom-bres al experimentar una separación conyugal o enviudar, contraen segundas o
posteriores nupcias con más frecuen-cia que las mujeres. Por su parte, el peso de la viudez refle-
ja la mayor sobrevivencia de las mujeres y en muchos ca-sos, el hecho de que éstas ya no vuelven
a casarse.
Aunque en la entidad cada vez crece el número de ho-gares sostenidos por una mujer y que a nivel
nacional Gue-rrero ocupa el tercer lugar con un 26.9 por ciento, después del Distrito Federal y Morelos.
Probablemente, los casos en la entidad superen el 26.9 por ciento, pues algunas mu-jeres pese a ser las
principales proveedoras siguen recono-ciendo a los varones como jefes de la familia, aún cuando
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durante años no ejerzan dicha jefatura por diversas razo-nes , por ejemplo, la migración de sus
compañeros senti-mentales, o cuando es claro que la jefatura es compartida porque son los dos quienes
aportan los ingresos al hogar y de igual forma deciden y se responsabilizan de los asuntos más
importantes que se presentan en el cleo familiar, o cuando la pareja padece alguna discapacidad o
adicción que le impide llevar una verdadera jefatura de hogar, otro no menos considerable, es el de las
mujeres solteras, que en la búsqueda de su autonomía, resuelven en buena medi-da sus necesidades de
relaciones y vivienda.
Un reflejo de estas circunstancias, se evidencia con los casos de las mujeres jefas de hogar
entrevistadas, donde admiten que aunque tienen pareja, se encuentran separadas de sus maridos, algunas
debido a la migración:
Pero existen casos en los cuales no es reconocida la jefatura del hogar por la propia entrevistada,
quien percibe sus aportes económicos como una ayuda y argumenta que la jefatura es ejercida por el
esposo debido a que es la figu-ra masculina: a la pregunta ¿Y por qué crees que es él quien ejerce la
autoridad?- …pues no tal vez porque de alguna manera tiene la responsabilidad directa como va-
rón. (Entrevistada de Buenavista de Cuellar, Gro)
En ocasiones, existe un varón adulto en el hogar, pero debido a su adicción, la jefatura masculina es
cuestionada y asumida por la esposa quien se hace cargo de la manu-tención de los hijos y de
proporcionales estudios. Es ella, por tanto, quien toma las decisiones en el hogar desde que yo vivía
con el señor, yo trabajaba lavando y plan-chando ajeno, porque el señor siempre ha sido borrachito, y
yo saqué adelante a mis muchachos. (Rosario, grupo focal Cualác, Gro.)
El caso de Rosely, soltera y vecina de Acapulco es em-blemática. Se hace cargo de su familia debido
a circunstan-cias ajenas a su voluntad, pero es decisión propia al menos en el corto plazo, mantener su
soltería y su jefatura:
3.
En Guerrero, como en otras entidades, los constantes cambios demográficos, económicos y sociales
durante las últimas décadas, han traído consigo modificaciones en la estructura de la familia, mismas
que se evidencian en las costumbres sexuales, el descenso de la cantidad de hijos, el aumento de mujeres
profesionistas, el ascenso del empleo femenino en los sectores formal e informal y una leve mo-dificación
de las desigualdades en las relaciones domésti-cas entre hombres y mujeres. Esta crisis en la familia tradi-
cional se traduce en nuevas composiciones familiares, que al parecer van en aumento. (Carbajal, 2005)
García y Oliveira consideran que muchos hogares enca-bezados por mujeres surgen por diversas
circunstancias, tales como el aumento en la esperanza de vida femenina, la menor incidencia de uniones
posteriores entre las viudas, los divorcios, las separaciones por abandonos masculinos, los embarazos
en mujeres jóvenes que luego permanecen solteras o en uniones esporádicas, es decir, permanecen como
madres solteras, especialmente cuando el varón se desvincula de las responsabilidades que resulten de
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estos diferentes eventos (García y Oliveira, 2005), y desde luego las solteras por elección o circunstancia
que asumen la jefatura del hogar en ausencia de ambos o alguno de los padres y ellas se quedan al
cuidado y responsabilidad de los hermanos(as) menores, o cuando alguno de los padres tienen alguna
discapacidad.
4.
La heterogeneidad demográfica y social de los hoga-res con jefatura femenina facilita o dificulta
su ingreso a la esfera laboral. Su inserción en el mercado laboral es un indicador de progreso para la
mismas en la medida en que ellas contribuyen a un mayor bienestar propio y de sus familias, aunque
ello no garantiza el acceso a empleos de mayor calidad en la mayoría de los casos, por lo que a ve-ces
recurren al autoempleo. (Carbajal, 2005)
Las posibilidades de elección en cuanto a las estrate-gias de supervivencia para las mujeres se
presentan bajo una heterogeneidad de formas. La diversidad de probabili-dades respecto al empleo, se
encuentran relacionadas con la formación educativa. En Guerrero un número significati-vo de jefas de
familia con baja escolaridad, trabaja a jorna-das dobles en actividades económicas (INEGI, 2008b) y
extraeconómicas.
Asimismo, se puede observar -de acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y
Empleo del 2007-que en relación al tiempo dedicado por semana a las activi-dades económicas y
quehaceres domésticos, las mujeres son quienes dedican más tiempo a dichos quehaceres con
15.3 horas en promedio, en contraste con 7.4 horas en el caso de los hombres. Situación que se invierte
cuando se trata de actividades económicas debido a la falta de oportu-nidades laborales para las mujeres
en el ámbito público por la falta de preparación y por el medio en el que se desen-vuelven. No obstante,
es conveniente anotar que en algu-nos casos sus bajos salarios son compensados con los apo-yos de las
demás personas que habitan en el hogar, es de-cir, las estrategias colectivas para la generación de ingre-
sos.
Las mujeres entrevistadas se percatan de que viven en condiciones de inequidad y que ésta se expresa
en la sobre-carga de trabajo y en otros ámbitos de su vida. Lo anterior es consecuencia del mandato
cultural que asigna a las mu-jeres la responsabilidad de crear las condiciones para que otra persona
tenga vida pública. Ese otro puede ser o no el marido, también puede tratarse de los hijos o la madre en-
erma. El ser para otros ha sido interiorizado por las muje-res y visto como algo “natural”. No obstante,
las entrevis-tadas perciben que su esfuerzo carece de salario y no se valora. Por ejemplo, en el siguiente
testimonio se muestra la visión parcializada del cuerpo de las mujeres, percibido sólo como reproductor,
de ahí que las instituciones con frecuencia sólo se ocupen de la salud reproductiva. La in-conformidad
frente a una situación que se percibe injusta permea en las palabras de Angelina: estamos inconfor-
mes, imagínate nosotros tenemos a los hijos, nosotros les damos de comer y todo el tiempo viendo a los
hijos y ni siquiera llevan el apellido de una, nada más del hombre, yo estoy inconforme, (Angelina, del
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grupo focal de Xo-chihuehuetlán).
El testimonio de Angelina apunta a la necesidad de generar los espacios de reflexión que permitan
transitar a las mujeres de la “inconformidad” a la conciencia de la inequidad en las relaciones de género
y a la invisibilidad concomitante en nuestra sociedad. El acceso a una forma-ción adecuada y al tiempo
para ello, facilitaría el camino a la construcción de las mujeres como sujetas sociales.
Debido a la división sexual del trabajo, el trabajo do-méstico recae sobre las mujeres, incluso cuando
los hom-bres participan en los quehaceres del hogar, dicha partici-pación es vista como “ayuda”. Sin
embargo, la sobrecarga de trabajo tiene como efecto en la vida de las mujeres la falta de tiempo
disponible para la capacitación, la reflexión de su experiencia y la recreación. Todo ello limita las op-
ciones de ingreso al mercado laboral y frena la actividad social y política de las mujeres (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2003).
La obtención del sustento es clave en el camino de la autonomía económica, que es un concepto que
incorporan al debate Wycky Meynen y Virginia Vargas (1991). Las autoras definen las siguientes
dimensiones para la autono-mía: una autonomía física, que implica el autocontrol de la sexualidad y la
fertilidad; una autonomía económica, sus-tentada en el acceso equitativo al mundo de la producción;
autonomía política, ejercicio de derechos políticos y ciuda-danos y la autodeterminación para
organizarse, y finalmen-te una autonomía sociocultural, que alude a la capacidad de afirmar identidades
propias y a la autoestima (Celiberti, 1996). Las jefas de hogar expresaron un sentimiento de satisfacción
al preguntárseles cómo se sentían en su cali-dad de jefas de hogar. El hecho de ser las principales pro-
veedoras, les otorga el derecho de tomar decisiones.
En el caso de las madres solteras en Buena Vista de Cuellar, sus respuestas y participaciones eran
muy contun-dentes en cuanto al por qué habían decidido dejar a la pare-ja, en algunos casos debido a
la violencia que el marido ejercía sobre ellas. En la percepción de las entrevistadas hay una correlación
entre la toma de decisiones y el aporte económico, hay una suerte de empoderamiento y orgullo en las
palabras de una entrevistada en Buena Vista de Cue-llar por sacar adelante a sus hijos con su propio
esfuerzo. Se puede decir que soy la que lleva los pantalones en la casa o las faldas como sea, (risas)
porque yo siempre he trabajado desde que él se fue y yo soy la que decide.
Es también importante señalar, no obstante, que en algunos casos, aunque son ellas las que aportan
la mayor parte de los ingresos del hogar, el peso del mandato cultu-ral se hace sentir y reconocen la
autoridad masculina por sobre cualquier otra consideración. Y a la pregunta de la entrevistadora ¿Pese
a que aporta el dinero para el sosteni-miento de la casa la autoridad, es su papá? ella responde si, porque
es mi papá.
5.
La vivienda es el entorno físico más inmediato don-de se desarrolla buena parte de la vida de las
personas, su principal función es ofrecer refugio y habitación a las per-sonas por lo que es objeto de
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aspiraciones sociales vincula-das a la familia.
Para la mayoría de las mujeres y de acuerdo al mandato cultural, el lugar donde permanecen s
tiempo a lo largo de su vida es la vivienda, ahí realizan el trabajo doméstico, con lo cual proporcionan
bienes y servicios a los integran-tes del hogar; en algunos casos, es donde también donde desarrollan
alguna actividad económica, mientras que el espacio privilegiado de los varones está constituido por los
ámbitos públicos: donde realizan sus actividades principal-mente fuera de la familia y la vivienda.
(INEGI, 2008a).
De acuerdo a los datos de INEGI, puede apreciarse que los hombres presentan la mayor proporción
de casas pro-pias, mientras que en las rentadas y en otra situación, los porcentajes favorecen a las jefas.
(INEGI, 2005a)
Las mujeres ven directamente afectado su derecho a una vivienda por una serie de factores que tienen
que ver con menores oportunidades de trabajo en el sector formal de la economía, menores ingresos
respecto a los hombres, mayores niveles de pobreza y feminización del sector in-formal, esta situación
se evidencia de acuerdo con la ver-sión de la mayoría de las mujeres entrevistadas, por el he-cho de no
ser propietarias de sus viviendas, algunas toda-vía viven en la casa de los suegros, o con otros familiares.
Aun cuando la construcción fue resultado de su propio trabajo y el de los hijos, algunas mujeres con
jefatura, no cuentan con la tenencia de su vivienda. Para otras, la situa-ción económica ha dificultado la
adquisición de una casa propia y se han adaptado a viviendas compartidas, es decir, las viviendas que
originalmente eran ocupadas por una sola familia, van integrando a los hijos y a sus familias, por ejemplo
los casos de madres solteras, que en ocasiones se quedan a vivir en su primer hogar o cuando llegan
otros familiares para quedarse temporalmente. Así lo vivió Flo-rencia: “...Y o no tengo casa, fui casada
pues mi marido se murió y su familia me sacó de la casa y me corrieron… yo me fui vivir con mi mamá
pero quiero decirle, que yo no tengo casa así que estoy ahí pues con mi mamá y mi her-mana, en su
casa.(Florencia. Zitlala, Gro.)
El caso de Florencia también muestra que en medio de las carencias, se teje una red de solidaridad
que permite a las mujeres salir adelante. Otras mujeres viven en casa de sus padres o de sus abuelos
donde les ceden, en algunos casos temporalmente, un cuarto o un fragmento de terreno para la
construcción de una modesta vivienda.
Los rasgos patriarcales juegan un rol destacado, pues impiden que las mujeres sean propietarias de
las viviendas, en la mayoría de los casos la propiedad de la vivienda está a nombre de los hombres.
Tradicionalmente quien hereda-ba las tierras eran los hombres, situación que en la actuali-dad afecta
directamente a las jefas de familia, sobre todo después de la separación o divorcio. Esto puede apreciarse
en el testimonio de Natividad cuando afirma: ...la casa es de uno de mis hijos, del más chiquito, yo
pues no más co-mo la chacha, nada más estoy cuidando, como él (Refiriéndose a su esposo) ya no está…
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se quedó a nombre de él (Su hijo menor)…solo a ellos dejan (los suegros), porque
ellos
son
los
hijos
de
su
hijo,
a
qué…” (Natividad. Alpoyeca, Gro.).
Como se señaló una gran mayoría de las mujeres no son propietarias ni de sus casas, ni de tierras,
ni animales o herramientas que puedan ser consideradas de su propiedad. En Buena Vista de Cuellar,
una de las entrevistadas dijo que vivía en la casa que seguía siendo de su padre, quien había muerto
intestado. Muchas mujeres que manifestaron vivir en casa propia, al preguntárseles a nombre de quién
estaba la casa donde vivían, respondieron que estaba a nombre del esposo. Justo es decir que existen
algunas jefas de hogar que si son propietarias de sus casas. Es notable el orgullo de algunas de ellas,
cuando informan que compra-ron un terrenito en el que van a empezar a construir. En la percepción de
estas mujeres el tener una casa, aunque sea modesta, muestra materialmente un logro relevante. La
obtención de un espacio propio. En ocasiones el espacio propio se reduce a una habitación, que se
convierte en un refugio personal. Una propuesta en cuanto a la vivienda que surgió de las entrevistadas
en los grupos focales fue la necesidad de asesoría legal para la regularización u obten-ción de viviendas.
Conclusiones
La escasez de ingresos y la precariedad en las condicio-nes de vida fueron una constante en las
entrevistas de los grupos focales realizados en Guerrero.
En el caso del acceso a los recursos, es importante se-ñalar que la gran mayoría de aquellas que se
emplean para las labores del campo (Zitlala) reconoce ser dueña de las herramientas que utilizan en sus
labores, cuando son con-tratadas para trabajar como peonas. Pero también se pre-sentó el caso de
algunas cuyas herramientas de trabajo son insuficientes. Muchas de estas mujeres han desarrollado
pequeños negocios (oasis, venta de objetos de albañilería en el caso de Acapulco), otras trabajan en el
campo a cam-bio de un jornal, algunas venden comida en la puerta de las escuelas y en Zitlala, muchas
hacen cinta de palma. Algu-nas preparan pasta de mole y chilate que también venden en forma de
bebida. En el caso de éstas últimas cuando han solicitado crédito para ampliar su negocio, han
encontrado dificultades por el hecho de ser mujeres. En Alpoyeca, una de las entrevistadas manifestó:
es que piensan que no-sotros porque somos mujeres nunca vamos a pagar, y a veces pienso que
no, que la mujer es más de palabra y somos más responsables.” (Justina, grupo focal Acapulco)
La falta de créditos, la sobrecarga de trabajo sin
reco-nocimiento social y la ausencia de tiempo
para la capacita-ción y la recreación, limita las
opciones de las mujeres en el mercado laboral y
en la actividad política y social.
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Discusión
Los testimonios aquí presentados muestran las
caren-cias de las acciones gubernamentales para
favorecer a un número tan importante de mujeres
que ejercen la jefatura en sus hogares. Aunque
algunas de las jefas de hogar ocu-pan puestos
públicos relevantes, otras son pequeñas em-
presarias o tienen empleos bien remunerados, la
mayor parte de las jefas de hogar se encuentran en
situación de pobreza.
En torno a la pobreza femenina existe un
debate. Algu-nas autoras sostienen que los
hogares encabezados por mujeres son más pobres
que aquellos que tienen jefaturas masculinas.
Entre los argumentos de esta corriente desta-can:
La desventaja de las mujeres en términos de
acceso a la educación y a recursos tales como
propiedad de la tierra y acceso a créditos y una
menor disponibilidad de tiempo libre para
dedicarlo a desarrollar diversas competencias y a
participar en la vida pública.
Otras feministas opinan que pobreza y mujer
no son sinónimos y subrayan que si bien los
hogares con jefaturas femeninas cuentan con
menos fuerza de trabajo disponible, los recursos
al interior del hogar tienen una distribución más
equitativa y se aprovechan mejor para el bienestar
común (Chant, 1988).
En este sentido es necesario detenernos en el
concepto de pobreza que nos sirve de fundamento.
Por una parte se encuentran las necesidades
universales que todo ser hu-mano tiene derecho a
satisfacer, por ende las personas que carecen de
recursos para alimentarse y cubrir sus necesida-des
de sobrevivencia, se encuentran en situación de
pobre-za absoluta. Una visión más amplia de la
pobreza conside-ra otros aspectos tales como la
vulnerabilidad, la falta de poder, el aislamiento y
la exclusión. La pobreza, desde esta perspectiva
obstaculiza la adquisición de saberes y el desa-
rrollo de capacidades que posibilitarían la
potenciación de las personas que viven en
situación de pobreza (Cárdenas Santana, Grobet
Vallarta, López Barajas, López Hernán-dez, y
Ojeda Rivera, 2007). Entre quienes comparten esta
perspectiva se encuentran el premio nobel de
economía Amartya Sen y la filósofa Martha
Nussbaum (2002).
Esta temática presenta, algunos problemas de
carácter teórico y metodológico que expresan la
necesidad de in-corporar nuevos mecanismos de
captación e interpretación de la información acerca
de los condicionantes de género, para poder
conceptualizar la pobreza de hombres y muje-res y
definir sus condiciones socioculturales y
económicas (Barquett, 1997)
En el fondo de las dificultades que enfrentan las
jefas de hogar en Guerrero se encuentra el hecho
de que las ins-tituciones diseñan sus acciones sin
considerar la perspecti-va de género. De a la
necesidad de incorporar a las poticas públicas la
mirada y los intereses de las mujeres.
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