Tlamati, vol. 22, núm. 35
82
Doi. 10.5281/zenodo.19209282
Artículo de Investigación
Desafíos y saberes locales: prácticas tradicionales y amenazas al cultivo del frijol en
la costa de Guerrero
Thermal expansion. When the ocean expands: Chronicle of a rising tide
Expansão térmica. Quando o oceano se expande: Crônica de uma subida
anunciada
Fernando Severiano-Galeana1 ID. 0000-0003-4718-2844
Carina Gutiérrez-Flores2 ID. 0000-0003-4718-2844
Xitlali Aguirre-Dugua3 ID. 0000-0002-0224-8523
Alfonso Delgado-Salinas4 ID. 0000-0002-9322-9968
Vania Jiménez-Lobato5* ID. 0000-0003-2050-9026
1Posgrado en Recursos Naturales y Ecología, Facultad de Ecología Marina, Universidad Autónoma de
Guerrero, Gran Vía Tropical 20 Fraccionamiento Las Playas, 39390, Acapulco de Juárez, Guerrero,
México.
2Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C. Av. IPN 195., Col. Playa Palo de Santa Rita
Sur, 23090, La Paz, Baja California Sur México.
3IxM-SECIHTI-Jardín Etnobotánico de Oaxaca, Centro, 68000, Oaxaca de Juárez, México.
4Departamento de Botánica, Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México.
Coyoacán, 04510, Ciudad de México, México.
5IxM-SECIHTI-Universidad Autónoma de Guerrero, LANASE Campus Tecpan de Galeana, Carretera
Nacional Acapulco-Zihuatanejo Km. 106 + 900 Col. Las Tunas, Tecpan de Galeana, 40900, Guerrero,
México.
*Autor de correspondencia vaniajimenez@uagro.mx
Recibido: 01/05/2025
Revisado: 09/02/2025
Tlamati, vol. 22, núm. 35
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Aprobado: 01/06/2025
Publicado: 26
/06/2026
Resumen
La producción de alimentos en comunidades rurales enfrenta múltiples desafíos derivados de factores
sociales, económicos y ambientales que afectan la seguridad alimentaria y la conservación de la
biodiversidad. El objetivo de este estudio fue identificar las prácticas de manejo, así como las amenazas
que ponen en riego el cultivo de frijol común (Phaseolus vulgaris L.) en la costa de Guerrero. Durante
2022 - 2023, se realizaron colectas de semillas y se aplicaron entrevistas en mercados locales (n=30) y
directamente con los agricultores (n=19), con el fin de conocer las prácticas agrícolas asociadas al cultivo.
Encontramos 12 variedades de frijol, de las cuales siete se comercializan en los mercados. La mayoría
de los productores son hombres adultos, siendo mínimo el papel de la mujer. Los productores muestran
conocimiento de las variedades y su ambiente, lo cual se refleja en saberes relacionados con la época de
siembra, de cosecha, identificación de plagas y enfermedades, formas de mantenimiento y adquisición
de semillas, formas de cultivo y selección del grano. Estos saberes fortalecen la identidad cultural y la
seguridad alimentaria, además de promover la conservación de la agrobiodiversidad local. Sin embargo,
se identifican algunas debilidades que podrían poner en riesgo los procesos adaptativos de las variedades
locales y, por lo tanto, la resiliencia del cultivo en la región, tales como el debilitamiento del relevo
generacional, la siembra en monocultivo, el uso excesivo de agroquímicos y la potencial introducción de
variedades nuevas no adaptadas localmente. El cultivo de frijol en la costa de Guerrero representa una
actividad clave para la seguridad alimentaria y la conservación de la agrobiodiversidad local, sustentada
en los conocimientos tradicionales de los productores. No obstante, se identifican factores que amenazan
estos sistemas productivos. Reconocer y fortalecer las prácticas locales es fundamental para preservar
tanto la diversidad biológica como cultural en la región.
Palabras clave: Guerrero, Frijol común, Prácticas culturales, Saberes locales, Seguridad alimentaria.
Abstract
Food production in rural communities faces multiple challenges stemming from social, economic, and
environmental factors, which in turn affect both food security and biodiversity conservation. The aim of
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this study was to identify management practices as well as the threats that endanger the cultivation of
common bean (Phaseolus vulgaris L.) on the coast of Guerrero, Mexico. During 2022 and 2023, seed
collections were carried out and interviews were conducted in local markets (n = 30) and directly with
farmers (n = 19), in order to document agricultural practices associated with this crop. We identified 12
bean varieties, of which only seven are traded in local markets. Most producers are adult men, with
minimal participation of women in production. Farmers exhibit a deep understanding of the varieties and
their relationship with the environment, which is reflected in traditional knowledge related to sowing and
harvesting periods, pest and disease identification, seed maintenance and acquisition practices,
intercropping systems, and grain selection. This knowledge strengthens not only the cultural identity of
local communities and food security, but also contributes to the conservation of local agrobiodiversity.
However, several vulnerabilities were identified that may jeopardize the adaptive capacity of local
varieties and, consequently, the resilience of bean production in the region. These include the weakening
of intergenerational knowledge transmission, the shift towards monoculture systems, excessive use of
agrochemicals, and the potential introduction of non-local, poorly adapted varieties. Common bean
cultivation on the coast of Guerrero represents a key activity for ensuring food security and preserving
local agrobiodiversity, supported by the traditional knowledge of farmers. Nonetheless, several factors
threaten the sustainability of these production systems. Recognizing and strengthening local practices is
essential to safeguarding both biological and cultural diversity in the region.
Keywords: Guerrero, Common bean, Cultural practices, Local knowledge, Food security.
Resumo
A produção de alimentos nas comunidades rurais enfrenta vários desafios decorrentes de fatores sociais,
econômicos e ambientais que afetam a segurança alimentar e a conservação da biodiversidade. O objetivo
deste estudo foi identificar as práticas de manejo, bem como as ameaças que colocam em riego o cultivo
de frijol comum (Phaseolus vulgaris L.) na costa de Guerrero. Durante 2022 - 2023, serão realizadas
coletas de sementes e aplicadas entrevistas em mercados locais (n=30) e diretamente com os agricultores
(n=19), com o objetivo de conhecer as práticas agrícolas associadas ao cultivo. Descobri 12 variedades
de frijol, das quais são comercializadas nos mercados. A maioria dos produtores são homens adultos,
sendo o mínimo o papel da mulher. Os produtores devem conhecer o conhecimento das variedades e do
seu ambiente, o que se reflete em saberes relacionados com a época de siembra, de cosecha, identificação
de pragas e enfermedades, formas de manutenção e aquisição de sementes, formas de cultivo e seleção
do grano. Esses saberes fortalecem a identidade cultural e a segurança alimentar, além de promover a
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conservação da agrobiodiversidade local. No entanto, foram identificadas algumas deficiências que
poderiam colocar em risco os processos adaptativos das variedades locais e, por isso, a resiliência do
cultivo na região, histórias como a debilitação da relevância geracional, a siembra em monocultivo, o
uso excessivo de agroquímicos e a potencial introdução de variedades novas nos adaptadas localmente.
O cultivo de frijol na costa de Guerrero representa uma atividade chave para a segurança alimentar e a
conservação da agrobiodiversidade local, sustentada nos conhecimentos tradicionais dos produtores. No
entanto, são identificados fatores que alteram esses sistemas produtivos. Reconheça e fortaleça as práticas
locais é fundamental para preservar tanto a diversidade biológica como cultural na região.
Palavras-chave: Guerrero, Frijol común, Prácticas culturales, Saberes locais, Seguridad alimentaria.
Introducción
Desde tiempos ancestrales, las razas locales” de
cultivos han sido un pilar fundamental de la
identidad cultural, espiritual y alimentaria de los
pueblos del mundo. En muchas comunidades
agrícolas tradicionales, la agricultura se ha
desarrollado como un sistema integrado que
incluye la observación del clima, el suelo, las
fases de la luna y la posición de los planetas,
donde los agricultores aprenden cuidadosamente
de las señales de la naturaleza para decidir
cuándo y cómo sembrar, regar y/o cosechar
(Gálvez-Campos, 2025). Por ejemplo, sembrar
durante ciertas fases lunares favorece el
crecimiento de las plantas, mientras que otras
fases lunares benefician la cosecha o la poda
(aclareo) (Sivasankar y Thimmaiah, 2021). En
este contexto, el rmino de “raza local” se
utiliza para referirse a variedades cultivadas que
han sido seleccionadas por los agricultores
durante varias generaciones (a veces por miles
de años) en un espacio determinado,
considerando características específicas
relacionadas tanto con preferencias culturales,
como el sabor, color, tamaño, uso y forma, como
por su capacidad de crecimiento óptimo bajo
ciertas condiciones ambientales (tipo de suelo,
disponibilidad de agua, temperatura, presencia
de plagas y enfermedades). Además, estas
características se desarrollan a través de
prácticas culturales muy específicas de cada
sistema agrícola (Camacho et al., 2005; Casañas
et al., 2017). Así, las “razas locales” se han
mantenido vivas en condiciones ambientales y
culturales particulares, reflejando su profundo
significado cultural, religioso, espiritual y
alimentario, y formando parte del patrimonio
biocultural de los pueblos (Rijal, 2010;
Thanopoulos et al., 2024).
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Las “prácticas culturales” se definen como el
conjunto de cnicas empleadas por los
agricultores para el manejo de sus cultivos,
desde la producción hasta su distribución,
basadas en el conocimiento tradicional y
adaptadas a las condiciones ambientales y
culturales locales. Por ejemplo, la asociación de
cultivos, que consiste en sembrar dos o más
especies juntas para aprovechar los recursos
nutricionales del suelo y del espacio, llevó al
desarrollo de la milpa, un sistema agrícola
mesoamericano en el que se asocian cultivos de
maíz, frijol y calabaza, y que ha sido
ampliamente utilizado por comunidades
campesinas durante miles de años (Fonteyne et
al., 2023). Otro ejemplo es la selección y
conservación de semillas derivadas de las
cosechas propias, una práctica que consiste en
mantener las semillas de las plantas más
vigorosas, resistentes y productivas, para la
siguiente siembra, permitiendo así, una
adaptación y mejora continua en cada ciclo
agrícola. Gracias a estas y otras prácticas de
manejo asociadas a cada cultivo en cada
localidad, las “razas locales” están adaptadas a
su entorno y representan importantes “reservas”
de diversidad genética (Salgotra y Chauhan,
2023).
La diversidad genética es como un “kit de
herramientas” que incluye distintos genes y sus
variantes alélicas presentes en los individuos de
una población, variedad, raza o especie, lo que
permite a los organismos responder al ambiente
en el que viven. Una mayor diversidad genética
incrementa las probabilidades de sobrevivencia
y adaptación a los cambios en el ambiente. En
este sentido, las “razas locales” albergan genes
únicos que no se encuentran en otras razas, lo
que enriquece y amplía la diversidad genética de
los cultivos en general, fortaleciendo su
capacidad de adaptación y resiliencia ante los
desafíos ambientales, agrícolas y alimentarios.
Gracias a las prácticas culturales asociadas a
cada “raza local”, se ha preservado la
biodiversidad agrícola en el mundo, a la vez que
se fomenta la soberanía alimentaria, se
aprovechan y reconocen los conocimientos
ancestrales y se contribuye a fortalecer la
capacidad de respuesta de los cultivos frente al
cambio climático (Gepts, 2006; Mercer y Perales,
2010).
A pesar de su importancia, las “razas locales”
enfrentan múltiples amenazas que ponen en
riesgo su supervivencia. Por ejemplo, la
introducción de variedades mejoradas en los
circuitos de semillas de comunidades locales, ha
desplazado el uso de las “razas locales”, ya que,
en general, son más uniformes y generan
mayores rendimientos (Ficiciyan et al., 2018;
Khoury et al., 2022). Sin embargo, las
variedades mejoradas reducen la diversidad
genética de los cultivos, pues sustituyen a las
“razas locales” y eliminan adaptaciones únicas,
tradiciones y saberes culturales alcanzados a lo
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largo del tiempo, a la vez que aumentan la
dependencia para la compra de semillas en cada
ciclo productivo. Otra amenaza la constituye la
introducción de enfermedades no existentes en
las “razas locales”; los cambios en el uso del
suelo, que ocasionan rdida y/o modificación
de hábitat para razas adaptadas localmente; la
expansión de monocultivos que homogeniza a
los sistemas agrícolas y, el uso intensivo de
agroquímicos que modifica las propiedades del
suelo y afecta a microorganismos, polinizadores
y otros insectos benéficos del sistema al que
están adaptadas las “razas locales” (Peroni y
Hanazaki, 2002; Choudhury et al., 2013).
Cuando se pierde una “raza local” por la razón
que sea, no solo desaparece la diversidad
genética asociada a ella, sino que se pierde una
parte de la identidad e historia de los pueblos, y
el conocimiento tradicional relacionado con el
manejo de ese cultivo (Keller et al., 2005;
Parween y Marchant, 2022).
Guerrero es una de las regiones más
biodiversas y vulnerables en términos
socioeconómicos de México (CONEVAL,
2020). En esta entidad, el frijol común
(Phaseolus vulgaris L.) es un cultivo esencial
para la subsistencia de las comunidades locales,
ya que no solo contribuye a la seguridad
alimentaria, sino que también es clave para la
economía local (Vaz Patto et al., 2015; Pérez de
la Vega et al., 2017). Diversos estudios han
reportado cierta diversidad de “razas locales”
(rojito, blanco, rojito enano, rayado de guía y
negro) y comerciales (cacahuate, peruano,
jamapa, flor de junio, flor de mayo, alubia, negro,
con semillas de varios colores). Esta diversidad
se asocia principalmente a la heterogeneidad
orográfica y climática con la que cuenta el estado
(Solano-Cervantes et al., 2009; Solano-
Rodríguez y Gil-Muñoz, 2018; SIAP, 2022) Sin
embargo, hasta el momento se conocen
únicamente dos estudios que describen algunas
prácticas culturales asociadas al cultivo de frijol
en Guerrero (Solano-Cervantes et al., 2009;
Solano-Rodríguez y Gil-Muñoz, 2018).
Dada la importancia del frijol común en la
alimentación y el bienestar de las comunidades
en Guerrero, es fundamental promover el uso,
conservación y mantenimiento de las “razas
locales” a largo plazo. La preservación de los
recursos genéticos del frijol requiere del
reconocimiento y fortalecimiento de los
conocimientos y de las prácticas tradicionales
que han permitido su mantenimiento a lo largo
del tiempo. Solo a través de estrategias de
conservación integradas se podrá garantizar la
permanencia de estas razas y, con ello, la
seguridad alimentaria del futuro (Pusadee et al.,
2009; Wilder et al., 2016). El presente estudio
tiene como objetivo identificar las prácticas
locales de cultivo, así como las amenazas que
enfrenta el frijol común en la región de la Costa
de Guerrero.
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Materiales y Métodos
El trabajo se realizó en el Estado de Guerrero,
en los municipios de Atoyac de Álvarez, Coyuca
de Benítez, Tecpan de Galeana, pertenecientes a
la región Costa Grande, y el municipio de
Tecoanapa, en la región Costa Chica (Figura 1).
Figura 1. Área de estudio, colecta de semillas
de frijol común en la costa de Guerrero.
Estas regiones son las principales productoras de
frijol en la entidad (SIAP, 2022). La temporada
de siembra en la región de estudio ocurre en tres
etapas distintas: la primera en el ciclo agrícola
primavera-verano en la temporada de lluvias
(junio-agosto), la segunda durante el Otoño (a
finales de las lluvias), entre los meses de octubre
y noviembre, conocida comúnmente como de
humedad, y la tercera se realiza en el ciclo
agrícola de invierno entre los meses de
diciembre y principios de enero empleando el
sistema de riego.
Durante 2022 y 2023 se realizaron muestreos y
colectas de semillas en mercados locales y
directamente con los agricultores de frijol de la
región. Se realizaron visitas en los mercados
locales de Coyuca de Benítez, Tecpan de
Galeana y Atoyac de Álvarez, durante las épocas
de cosecha (en lluvias y de riego). A cada
comerciante se le compró un kilogramo de cada
variedad que vendía y se le aplicó un
cuestionario para conocer las prácticas culturales
asociadas a la producción y distribución de las
semillas, tales como el origen de las semillas, la
variedad, el tipo de pertenencia del cultivo (si era
propio o no), el precio por kg, entre otras
preguntas. A estas semillas se les denominó
“semillas de mercados locales”.
Un segundo muestreo (2023) realizado durante
la época de floración (noviembre-enero), se
concentró en la información derivada
directamente de los agricultores a partir de
visitas directas en la parcela de cultivo. A estas
semillas se les denominó “semillas locales”. A
cada productor se le aplicó una entrevista semi
dirigida enfocada a conocer el nombre de la
variedad, el tiempo que tenía utilizando las
semillas, la forma de su selección, el manejo
agronómico que emplea en el cultivo, las
principales plagas y enfermedades que afectan al
cultivo y otras características socio-económicas,
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como edad, sexo, rendimiento, destino de la
cosecha, entre otras.
Resultados
Se realizaron 19 entrevistas semiestructuradas
a agricultores y 30 a comerciantes.
En las parcelas de los agricultores se
encontraron 12 “razas locales” de frijol, mientras
que en los mercados encontramos siete
variedades “comerciales”, de las cuales seis
coincidieron con las “razas locales” de las
parcelas, salvo la variedad Chaparro, que solo se
encontró en los mercados (Figura 2 y 3). De
acuerdo con los agricultores entrevistados, el
promedio que llevan conservando sus semillas es
de 22 años, con un mínimo de 3 años y un
máximo de 80 años. La razón principal de
conservar las semillas propias son las
adaptaciones que tienen a las condiciones
climáticas de la región.
En las parcelas de los agricultores se
encontraron 12 “razas locales” de frijol, mientras
que en los mercados encontramos siete
variedades “comerciales”, de las cuales seis
coincidieron con las “razas locales” de las
parcelas, salvo la variedad Chaparro, que solo se
encontró en los mercados (Figura 2); (Figura 3).
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.Figura 2. Variedades de frijol común (P. vulgaris) colectadas en las milpas de los agricultores
Figura 3. Variedades de frijol común (P. vulgaris) comercializadas en los mercados locales. Nota: Los
nombres de las variedades son los utilizados por los comerciantes y productores
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Nota: Los nombres de las variedades son los utilizados por los comerciantes y productores
De acuerdo con los agricultores entrevistados, el promedio que llevan conservando sus semillas es de
22 años, con un mínimo de 3 años y un máximo de 80 años. La razón principal de conservar las semillas
propias son las adaptaciones que tienen a las condiciones climáticas de la región.
Contexto socio-cultural
Los productores de frijol en la región estudiada en su mayoría son hombres (16; 84%) de 50 años en
promedio, aunque los hay desde 26 hasta 76 años. Mientras que las mujeres (3) constituyen únicamente
el 16%, con un promedio de 42 años, dentro de un rango de 36 a 52 años, lo que refleja su menor
participación en esta actividad (Figura 4a). Cuando se analizan los datos en su conjunto, se encuentra
que el 42% de los agricultores son menores de 39 años; 26% tienen entre 40 y 59 años, y el 32% son
adultos mayores de 60 años (Figura 4b).
Figura 4. Frecuencia de participación por género en el cultivo de frijol: a) Frecuencia de género; b)
Distribución de las edades por género; c) distribución de edades general.
Es decir, en la región, las personas de casi todas
las edades participan en el cultivo del frijol.
Respecto de la tenencia de la tierra donde se
realiza el cultivo, la mayoría de los productores
trabajan en tierras de propiedad privada (37%) y
en tierras ejidales (32%), sin embargo, algunos
agricultores usan tierras prestadas (21%) y, en
menor medida, tierras de bienes comunales
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(10%). Prácticas culturales en la siembra del
frijol De acuerdo con los agricultores
entrevistados en la región, el periodo de riego
(Dic -Ene) es el más favorable para la
producción de frijol, por lo que la mayoría
prefiere esta época para la siembra. Las
temporadas de lluvias (Jun - Ago) y humedad
(Oct - Nov) no se recomiendan debido a la
aparición de plagas y enfermedades asociadas al
exceso de humedad, lo que ocasiona pérdida de
plantas y de la cosecha por el moho, el cual
genera pudrición de la vaina y granos. Por esto,
los meses en que se registra la mayor producción
(cosecha) de frijol es marzo y abril (ciclo de
riego, 57%), seguido de la temporada de
humedad (24%; Ene - Feb) y con menor
frecuencia la de temporal de lluvias con un 19%
(Oct Nov, Figura 5).
Figura 5. Temporada de cosecha del frijol en la costa de Guerrero. Barras más anchas representan
mayor frecuencia de respuesta.
Por otro lado, un 60% de los agricultores
entrevistados en sus parcelas, practican el
policultivo, por medio de la asociación del
cultivo de frijol con especies como maíz,
calabaza, jamaica y ajonjolí, mientras que el 35%
lo cultiva solo, es decir, en forma de
monocultivo. El 5% rara vez (a veces) asocia el
cultivo. No se encontró una asociación entre el
sistema de siembra (mono/policultivo) con la
época de siembra (lluvia, humedad y secas), es
decir, el mono y policultivo se emplean en
cualquier época del año, sin ninguna preferencia
particular.
El 80% de los agricultores obtienen las semillas
para la siguiente siembra por selección propia.
Sin embargo, cuando no se logra obtener el
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rendimiento esperado, el 10% de ellos acuden a
mercados locales a conseguir nuevas semillas
tratando de que sean de “razas locales”
producidas en la región; otro 10% realiza
intercambios de semillas con vecinos y/o amigos,
garantizando las semillas para el siguiente ciclo
de siembra.
Las entrevistas señalan que el momento
adecuado para realizar la selección de las
semillas es después de la cosecha (100%),
después de realizar el trillado de las plantas. Esta
técnica consiste en pegarle con una vara a las
plantas ya secas y apiladas, para abrir las vainas,
lo cual permite extraer el grano de frijol. Debido
a que cada agricultor respondió más de una
característica, las preferencias de selección se
muestran en una gráfica de nube en la que en
mayor frecuencia resalta el tamaño de la semilla
y de la vaina y, en menor frecuencia, el color de
semilla, color de la vaina, número de vainas y el
sabor (Figura 6).
Figura 6. Nube de palabras indicando las características preferidas en la selección de semillas. Letras
más grandes indican mayor frecuencia de respuesta.
Aproximadamente el 58% de los agricultores
transmiten sus conocimientos sobre la selección
de semillas a sus hijos a través de la práctica,
mientras que el 26% lo transmiten a parientes y
amigos, y un 16%, todos jóvenes de 29 - 39 años,
ya no lo transmite. Del porcentaje de agricultores
que transmiten sus conocimientos a hijos, el 32%
son adultos mayores a 60 años, un 16% son
adultos entre 40 y 59 años y el 10% agricultores
jóvenes entre 26 y 39 años. Por su parte, los
agricultores que transmiten su conocimiento a
parientes y amigos, son en su mayoría (16%)
jóvenes entre 26 y 39, y en un10 % adultos de
entre 40 y 59 años (Figura 7).
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Figura 7. Diagrama tipo Sunburst que
representa la herencia del conocimiento
asociado al cultivo de frijol común.
El anillo externo muestra los canales principales
de transmisión (jóvenes, adultos y adultos
mayores). El anillo interno desglosa los
porcentajes según los grupos etarios a quienes se
transmite el conocimiento (hijos,
parientes/amigos o no se transmite). El tamaño
de los segmentos es proporcional a la frecuencia
de respuestas. La categoría "No" indica que no
se comparte el conocimiento con nadie.
Manejo agronómico del cultivo del
frijol
Durante el manejo del cultivo del frijol, la
mayoría de los encuestados (65%) siembran en
policultivo, mientras que el 35% lo hace en
monocultivo (Figura 8). Del total, el 84% de los
agricultores recurren al uso de insumos externos
para mejorar el rendimiento de sus parcelas,
mientras que el 16% no aplica ningún tipo de
insumo (Figura 8). Entre quienes sí los usan, los
fertilizantes y los plaguicidas sintéticos son los
más comunes, empleados por el 44% de los
agricultores en cada caso. Los herbicidas
sintéticos para controlar malezas están presentes
en menor medida (4%) y, únicamente el 8% de
los agricultores, optan por el uso de abonos
orgánicos. Aunque el uso de agroquímicos
predomina en ambos sistemas de cultivo, un 16%
de los encuestados se abstiene de utilizarlos cuando
cultivan en sistemas de policultivo (Figura 8).
Figura 8. Diagrama de Sunburst que representa
la asociación del sistema de siembra con el uso
de agroquímicos.
Por el contrario, todos los agricultores que siembran
en monocultivo sí los utilizan (Figura 8).
El anillo externo muestra el porcentaje del
sistema de siembra empleado por los
agricultores en el cultivo (monocultivo o
policultivo). El anillo interno muestra el
porcentaje del uso de agroquímicos dependiendo
del sistema de siembra. El tamaño de los
segmentos refleja la proporción relativa de cada
grupo.
Las plagas más frecuentes que dañan el cultivo
de frijol son la catarina o mariquita (40%),
seguida de la babosa (25%), la mosquita blanca
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(20%), la gallina ciega (10%) y el chapulín (5%),
y de las enfermedades, la más frecuente (92%)
es la chamusa (Fusarium oxysporum f.sp.
phaseoli), una infestación causada por hongos,
seguida por los nemátodos que causan la
pudrición de la raíz (8%).
El 54% de los agricultores entrevistados indicó
que el destino final de la cosecha es únicamente
para autoconsumo, sin embargo, el 46% reportó
que, a veces, el excedente se destina además a la
comercialización en mercados locales. El precio
por litro (ca. 4 kg) de frijol destinado para venta
es de $150.00. Tabla 1.
Tabla 1. Plagas presentes en el cultivo de frijol y los daños ocasion
Discusión
Los resultados obtenidos reflejan una riqueza
importante de “razas locales” de frijol común en
los sistemas de producción tradicionales en la
costa de Guerrero, así como una diversidad de
prácticas agrícolas arraigadas en el
conocimiento local de los agricultores. Sin
Nombre común
Nombre científico
Frecuencia
Daño ocasionado
Catarina
Diphaulaca áulica
40%
Herbivoría en las plantas, ocasionando la
interrupción del crecimiento.
Babosa
Sarasinula plebeia
25%
Se alimenta de hojas, brotes y vainas,
ocasionando reducción en la cosecha y
supervivencia de las plantas.
Mosquita
blanca
Bemisia tabaci
20%
Se alimenta de la savia de las plantas, siendo un
vector de transmisión de enfermedades virales
como el virus del mosaico dorado (BGMV).
Gallina ciega
Phyllophaga spp
10%
Se alimenta de la raíz, provoca marchites de la
planta, hasta la muerte de la misma.
Chapulín
Sphenarium spp,
Melanoplus spp,
Brachystola spp
5%
Se alimenta de hojas, ocasionando daños en el
proceso de la fotosíntesis.
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embargo, también se detectaron algunas
prácticas que representan un reto o amenaza
potencial tanto para las razas locales” como
para la soberanía alimentaria de la región.
El cultivo de frijol en la región estudiada lo
realizan en un 84%, los hombres de 50 años (en
promedio) y, en menor medida (16%), las
mujeres de 42 años. Los hombres lo hacen con
la misma frecuencia en parcelas ejidales como
en parcelas propias, sin embargo, ninguna mujer
reportó uso de tierras ejidales. Solo una mujer
reportó su siembra en tierra propia, otra en
bienes comunales y otra en tierra prestada. Esta
menor participación femenina podría estar
vinculada con los roles de género
tradicionalmente asignados en México, donde
las mujeres históricamente han sido excluidas de
la propiedad social de la tierra, permaneciendo
como “grupo minoritario y marginado de la
propiedad” (Reyes-Ramos, 2006). Esta situación
no parece ser exclusiva de la región estudiada,
también se ha documentado en regiones como
Oaxaca (Stephen, 1997) y Chiapas (Reyes-
Ramos, 2006), donde el acceso limitado de las
mujeres a la propiedad de la tierra restringe su
autonomía y capacidad de decisión. Esta
exclusión no solo reproduce desigualdades
estructurales, sino que también debilita la
resiliencia de los sistemas agroalimentarios, al
limitar la participación plena de un sector clave
en la producción, conservación de semillas y
transmisión de saberes agrícolas.
Encontramos 12 razas en parcelas agrícolas y
siete en los mercados locales, de las cuales, seis
coincidieron entre ellas. La variedad “Chaparro”
fue exclusiva de los mercados, y las variedades
Mahapan morado, Jamapa,Bayo, Flor de
mayonados.
y Pinto fueron exclusivas de las parcelas. Este
resultado sugiere dos cosas. La primera, que no
todo lo que se siembra en las parcelas se
comercializa en los mercados, y la segunda, que
no todo lo que se vende en los mercados se
produce en las parcelas. El primer resultado
concuerda con lo reportado por Bellon et al.
(2011), quienes subrayan que los mercados
locales suelen ofrecer solo una muestra parcial
de la diversidad presente en las parcelas
agrícolas. De la misma manera, Heindorf et al.
(2021) señalan que en los mercados solo se
comercializan los excedentes de la producción.
Como resultado, muchas razas de frijol no se
llegan a comercializar por tener una mayor
demanda por parte de los agricultores, o un valor
cultural y/o agronómico mayor, comparado con
las razas que sí se comercializan. En este estudio
se corroboró que la mayoría de las personas
entrevistadas producen frijol con fines de
autoconsumo, lo que sugiere que se reservan
aquellas razas de mayor valor cultural y/o
agronómico, mientras que solo comercializa el
excedente de lo “menos preferido”. De este
modo, mantienen la mayor parte de la cosecha y
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refuerzan la importancia del cultivo como
elemento central de la soberanía alimentaria.
Para el caso del frijol Chaparro, exclusivo de
los mercados, es posible que haya existido algún
sesgo en el muestreo de las parcelas, ya que el
grano presenta rasgos similares a otros frijoles
comunes de Guerrero, tales como los Guapinoles
o los Mahapan, lo que los hacen una raza
culturalmente adecuada para ser consumida en la
región. En caso contrario, se trataría de un caso
de nueva raza introducida al mercado local.
Las nuevas variedades introducidas a nivel
local suelen llegar a través de mercados o de
agricultores que traen semillas de otras regiones.
En la zona de estudio se registró que, en
promedio, los agricultores han conservado sus
propias semillas durante 22 años, con casos que
alcanzan hasta 80 años, lo que refleja un
compromiso con la conservación de la
diversidad local y contribuye a la estabilidad de
los agroecosistemas. Sin embargo, una
agricultora joven reportó que ha conservado su
semilla por tan solo tres años consecutivos; narró
que se trataba de una nueva semilla adquirida en
el mercado. Esta variedad “Cacahuate”, con solo
un registro en un mercado, presenta
características similares a la raza “Peruano”, más
común en otras regiones del país, lo que puede
indicar una reciente introducción al circuito local
de semillas. La introducción de variedades
nuevas muestra que el sistema de semillas sigue
siendo dinámico, impulsado por factores como
la oferta en mercados, la experimentación
individual y las preferencias cambiantes de los
productores, lo que representa un reto ante los
posibles desplazamientos de razas adaptadas
localmente, aun cuando pueden ser fuente de
nueva diversidad genética.
Entre las prácticas culturales más comunes se
encontró que los agricultores prefieren sembrar
durante el periodo de riego (dic-ene) debido a la
menor incidencia de plagas y enfermedades,
mientras que evitan la temporada de lluvias (jun-
ago) por los daños ocasionados debido a la
humedad excesiva. Esta estrategia refleja
conocimiento del entorno y el clima, y permite
minimizar los riesgos asociados a plagas,
enfermedades y exceso de humedad, lo que
indica que los agricultores de la región han
desarrollado prácticas adaptativas a lo largo del
tiempo (Waha et al., 2013). En general, se ha
reportado que un estrés hídrico moderado en la
fase vegetativa favorece el incremento en el
rendimiento del frijol (Polón-Pérez et al. 2017).
Además, la disminución de enfermedades
asociadas al exceso de humedad refuerza la
importancia de seleccionar razas adaptadas a la
sequía. Estas variedades no solo podrían mejorar
la productividad en la región, sino también
aumentar la resiliencia del cultivo frente a
condiciones climáticas variables.
La selección de las semillas postcosecha se
centra en el tamaño del grano y de la vaina,
aunque hay otros rasgos como el color de las
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semillas, el sabor o su mejor adaptación al clima,
que le dan valor a los cultivos. La selección y
conservación de semillas son dos de las prácticas
agrícolas más básicas y antiguas en la agricultura
tradicional (Kraft et al., 2010), representan una
mejora genética que permite conservar in situ
variedades adaptadas a condiciones locales, y
favorecen la autonomía de los campesinos frente
a la compra de semillas comerciales,
fortaleciendo la soberanía alimentaria (Louette y
Smale, 2000).
Es interesante notar que el 58% de los
agricultores transmiten sus saberes sobre la
selección de semillas a sus hijos mediante la
práctica. Sin embargo, el 50% de los agricultores
más jóvenes (< 40 años) mencionaron no heredar
sus conocimientos a nadie, mientras el resto lo
heredan a sus hijos y/o parientes y amigos. Estos
patrones de transmisión del conocimiento
sugieren que, si bien la selección de semillas
sigue siendo un proceso basado en criterios
tradicionales de calidad, su continuidad puede
estar en riesgo debido a la falta de herederos del
conocimiento en las generaciones más jóvenes.
La disminución en la transmisión de estos
saberes podría afectar la conservación de
variedades locales y la diversidad genética del
cultivo a largo plazo. Dweba y Mearns (2011)
plantean que una de las principales amenazas
para la sostenibilidad de los recursos genéticos
es la pérdida del conocimiento local y la razón
fundamental de esta erosión es el escaso valor
que se le atribuye. Esta problemática ha sido
reportada en otros estudios, donde la pérdida del
conocimiento de prácticas tradicionales sobre el
manejo de los cultivos está amenazada por
diversos factores, como el desinterés de las
nuevas generaciones por las labores del campo
agrícola, la migración y la homogenización de la
agricultura (Kodirekkala, 2017). Esto resalta la
necesidad de fortalecer estrategias para la
preservación del conocimiento agrícola a través
de las generaciones.
Respecto del manejo agronómico del cultivo de
frijol, se detectó el uso de agroquímicos en un 84%
de los casos, principalmente cuando se sembró
en monocultivo. Por el contrario, en prácticas
tradicionales como el policultivo, su uso
disminuyó en un 25%. A pesar de los beneficios
que otorgan los agroquímicos en la mejora de la
eficiencia de producción en los sistemas
agrícolas, el uso indiscriminado en las
actividades agrícolas representa una amenaza
para nuestro ecosistema por la degradación de
los suelos, contaminación de los cuerpos de agua
y el aire, acomo a la salud humana. Prácticas
agrícolas como la asociación de cultivos
representan una estrategia eficaz para la
reducción de la aplicación de los productos
químicos y favorecer la salud ecosistémica. En
la región de estudio, el policultivo coincide con
un modelo agroecológico tradicional del sistema
milpa, donde el frijol se cultiva en asociación
con maíz, calabaza, jamaica y ajonjolí. La
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asociación de cultivos proporciona disminución
de la temperatura en el suelo y mayor
disponibilidad de agua, reduce la erosión del
suelo, la infestación de plagas, proporciona
mayor diversidad nutricional y brinda mayor
estabilidad al agroecosistema (Waha et al., 2013;
Pérez-Hernández et al., 2021). Es necesario
rescatar y fortalecer esta práctica que se ha
perdido en el 37% de los agricultores
entrevistados.
En cuanto a las plagas, los agricultores
identificaron a la catarina (40%) y la babosa
(25%) como las más frecuentes, además de
enfermedades como la chamusa (92%) que
ponen en riesgo la producción de frijol común.
El hecho de que los agricultores identifiquen
claramente las plagas y enfermedades demuestra
un conocimiento empírico sobre los ciclos
biológicos, los síntomas y los efectos que causan
en su sistema agrícola. Sin embargo, el uso de
plaguicidas (44%) como respuesta al manejo de
las plagas, limita la capacidad del agricultor a
seguir conservando el diagnóstico de las plagas
y enfermedades de manera tradicional.
Conclusiones
Las prácticas agrícolas identificadas en el
cultivo del frijol en la región de la costa de
Guerrero que fortalecen la soberanía alimentaria,
brindan resiliencia frente al cambio climático y
preservan la diversidad genética del cultivo son:
el uso y preservación de “razas locales” en las
parcelas, la selección y conservación de semillas,
el conocimiento del clima y del entorno que
permiten establecer fechas de siembra y cosecha
adaptadas a las necesidades del cultivo,
inclusión de nuevas razas al sistema de semillas,
y la práctica de asociación de cultivos en sistema
milpa.
Entre las amenazas detectadas se encuentran la
exclusión de las mujeres dentro del sistema de
tenencia de la tierra, lo que limita su
participación en la producción agrícola y genera
desigualdad social, la introducción de nuevas
razas que podrían desplazar a las “razas locales”
y comprometer sus adaptaciones, la pérdida de
la transmisión del conocimiento a generaciones
jóvenes, el uso de agroquímicos y, la expansión
del monocultivo que reduce la diversidad
agrícola y afecta la sostenibilidad del sistema
productivo.
Agradecimientos
Los autores desean expresar su agradecimiento
a LANASE Campus Tecpan de Galeana, así
como también a los estudiantes Saúl Espinoza,
Iris Martínez, Alejandro Zambrano y Erica
Campos, quienes apoyaron en el trabajo de
campo y la recogida de datos. El primer autor
FSG agradece a la Secretaría de Ciencias,
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100
Humanidades, Tecnología e Innovación
(SECIHTI), por la beca otorgada para estudios
de doctorado (CVU: 930050). Esta investigación
fue financiada por la SECIHTI, en el marco de
la convocatoria "Ciencia de Frontera 2019" con
el proyecto otorgado a VJL titulado
"Caracterización, estructura y mantenimiento de
la diversidad genética neutra y adaptativa del
frijol común (Phaseolus vulgaris L.) silvestre y
domesticado en la región de la Costa Grande de
Guerrero" (FORDECYT-
PRONACES/514851/2020) y por el proyecto
Hacia una soberanía alimentaria autogestiva:
fortalecimiento del sistema milpa a través del
manejo agroecológico y de la conservación de
recursos genéticos nativos en las regiones de
Acapulco y la Costa Chica de Guerrero” (F003-
Proyecto: 317237; año: 2021).
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